Archivo

Archive for 22 marzo 2011

Los ‘tiempos’ que ‘corren’

La mayoría de las cosas en las que me fijo suelen suceder en el Metro y de camino al trabajo o de regreso a casa.
Corro el riesgo de ser monotemático. Lo se. Al fin y al cabo es lo que de forma más habitual suelo vivir.

Es lógico, es en lo que más tiempo invierto después de trabajar. En ir y en venir.
Que conste que he dicho que ‘invierto’, no ‘pierdo’.

Para demostrar que lo invierto, es decir, que le saco provecho, escribo cositas que voy viendo, viviendo, …..

Hoy yo llevaba mi ritmo habitual. Este ritmo es un ritmo normal.
No es lento, ni pastoso, tampoco es frenético ni nervioso.
Es un ritmo que me permite no entorpecer a nadie en su camino y de paso me permite fluir entre lo que no va tan …. fluidos.

Este ritmo me permite observar a la gente.
Por lo general lo que veo son nervios. Me pregunto si todo el mundo va con la hora pegada al culo.
¿Nadie es capaz de salir con el tiempo necesario y a la vez justo para no tener que andar a la carrera?

He visto a una chica que en las escaleras mecánicas ha salido corriendo porque debía pensar que el tren estaría ahí esperándola.
El tema me parece tan serio, y a la par gracioso, que me he permitido comprobar una cosa.

Esto puede ser cierto si decides hacerlo cuando tienes el andén a … ¿10 metros?, ¿7?, ….
Pero si dicho punto de encuentro entre tu y el tren está, a saber, mitad de escalera mecánica (+- 3 metros, de escalones!!), 2 metros en línea recta, 7 metros de pasillo a la derecha, posterior nuevo giro más a la derecha y 5 metros más…, se me antoja, cuando menos algo complejo.

La decisión la ha tomado en el momento que, bajando las escaleras ha visto gente tomarlas en sentido contrario, es decir, que salían de un tren. Supongome que habrá pensado, ‘¡¡ostrás, me da tiempo!!’.

Y yo he pensado ‘¿está loca?’.

En horas puntas el tren pasa en el anden el tiempo justo.
Por extraño que parezca, por mucha gente que haya ¿cuanto pensáis que suele estar de promedio un tren parado subiendo y bajando gente?

Hice un cálculo a bote pronto y saqué que en condiciones normales, sin fallos, sin problemas no más de 30 segundos, apuré y dije, si va rápido y el maquinista quiere caña 25….
Recalco que hablo de segundos.

En la estación de Alonso Martínez; una de las estaciones con más tráfico humano en hora punta, medido con mi iChrono (el cronómetro del iPhone que no se si se llama así, pero me ha parecido bien hacerlo) el tren tardó 21 segundos.

Desde que se abren las puertas hasta que vuelven a estar cerradas, bajada gente y subida de los que están…. 21 segundos!!! Es de risa.

¿Y prentendes partirte un tobillo por coger un tren que no te va a esperar?
A esas horas como mucho, como caso muy extremo, tarda 4 minutos en llegar el siguiente…. (hablo siempre si no hay problemas, que eso ya es harina de otro costal)….

Hemos convertido 250 segundos de nuestras vidas en agonías de tiempo.

Y lo que es peor (y muy gracioso); la gente con la que se cruzó provenía del otro andén, ni si quiera era de su trayecto….

Pero por favor!!! ¿Estamos locos o qué?
(Léase ‘o qué’ como gilipollas).

Alguién puede pensar, ‘Ya es aburrida tu vida para fijarte en esas cosas’, y sin embargo lo que pienso es que tengo la suerte de saber que por mucho que corra, las prisas no son buenas.
A veces el tren está en el andén y me cruzo con los que salen. Eso es un caos, los que acompañan mi sentido se empujan con los que salen porque no quieren perderlo, los otros quieren salir, no te permiten el paso de forma natural; se entorpecen, se enfadan. Yo paso. Si llego bien y si no….. ¡4 minutos!

Hay días que el tren está más tiempo en el andén por tráfico y la gente corre igual. No corro, sigo mi paso y si llego, bien y si lo pierdo….. no pasa nada, hay más….

Y yo soy el raro, porque no corro.

Anuncios
Categorías:Uncategorized

Raperos de pastel.

marzo 19, 2011 1 comentario

¿Pero quien os dio semejante idea?

Acabo de ver el ‘rap’ de los trabajadores de Garoña y es que…. me descojono de la risa.
Ahí tan listos. Tan ‘buen rollo reclamacion’, diciendo que ellos si que saben de ecologías. Los demás no, claro.
Y todo por 5 años mas de apertura (sobrepasando los límites aconsejados, por algunos que sabrán de nada, claro).
Unos días después Japón (un país, no una central) está en una auténtica crisis energética y de seguridad ambiental.

Cualquier día de estos me encuentro con un rap de controladores aéreos cantando lo bien que ellos aterrizan los aviones.

O lo que es peor, un calendario compartido entre ellos con algún magnífico bombero (que solo vale para poner sus fotos en bolas en Badoo).

¿¡Será que les tengo envidia!?

Categorías:Uncategorized

La caridad mal entendida

Hoy me tocó tomar el Metro una hora mas tarde de mi momento habitual.
Como cambia la cosa en una hora.
De darte empujones, pisotones e intentar acoplar las carnes tiernas de lo tempranas que amanecen a dudar de donde sentarte de ver tanto sitio libre (ya sabemos que el ser humano es un incondicional admirador de liar las cosas cuanto más fácil lo tiene).
Pensé ‘Que bien, así da gusto’. Tonto de mi, aun no sabia las sorpresas que deparan las ‘horas valle’ del Metro de Madrid.

Como suelo llevar los ‘cascos’ puestos casi nunca me llega nada de lo que sucede 6 metros más allá de mi, aunque sueles percatarte de que algo sucede si ves a la gente asomar sus cabezas hacia algún lado del pasillo del tren. Digo pasillo porque desde hace un tiempo tenemos trenes sin vagones. Son combois únicos.
El caso es que debido a la excesiva curiosidad de la gente de mi entorno pensé que me perdía algo, pero me aguanté, lo que ya en mi es rariiiiisimo.
Al rato el ‘tema’ llegó a nuestra altura.
Se trataba de un ex… Sí, un ex; un ex-presidiario. Un tipo duro. Alguien con mucha vida, valor, actitud. Un chulo, vamos, para que me entendáis.
Este maromo se dedicó durante más de doce minutos a explicar que el era una víctima del sistema y que la sociedad le daba continuamente de lado y le ponía trabas.
Nada de esto sonaría feo si se tratase de una película americana donde desde el minuto 3 nos sentiríamos identificados con el personaje, pero en este caso el tono de voz, los argumentos, la verborrea, el nerviosismo y la constante insistencia en su bondad y su victimismo me hicieron pensar en que ‘macho, lo menos que te puede pasar a ti tal y como nos hablas a los demás es que vuelvas al truyo’.
El legionario en cuestión quería vendremos pañuelos de papel para los mocos y para ello se dedicó durante un buen rato a querer dar pena. Pero claro, si me siento atacado va a ser bastante jodido que sienta pena, no es por nada.
A mi derecha un viajante, que no viajero, se afanaba en leer sus apuntes sobre Dbase4 o algo similar. Mil hojas hojeadas (lo he escrito bien) de un lado a otro. En esto que su corazón conmovido decidió participar con una ayuda. Como el tipo no era muy organizado (humano, sí, pero poco organizado) al llevarse la mano al bolsillo se le calló una hoja al suelo.
Personalmente desde mi posición no alcanzaba a dársela; ni me esforcé la verdad. Es más, pensé ‘no me jodas que le va a comprar pañuelos!!’
Pues sí.
Después de que tóooodo el mundo pasase de hacerle si quiera caso, ni con la mirada, llega este y le compra pañuelos para los mocos.
‘Le harán mucha falta’ deduje.
Según llega tan hábil vendedor a su altura este hombre le suelta unas monedas y el le entrega dos paquetitos de pañuelos; todo esto ante la estupefacta mirada de un servidor que había observado como un chulo con playeras Nike (porque se puede ser víctima y a la vez tener estilo) le pisoteaba la hoja a su comprador.
Ya os digo que la hoja después de esa ‘marca al agua’ solo pudo tener un destino, la papelera.
¿Cómo se puede pisar una hoja una vez y destrozarla?
Así, con esas se marcho nuestro legionario.
Cabe dentro de lo probable que en todo el tren vendiese a dos personas. A una lo vi yo.
La cosa no acaba. En el vagón a mi vera queda el buen samaritano que queriendo ayudar al prójimo lo que acaba siendo es el pardillo del dia.
Esto lo asevera el hecho que una vez desaparecido el vendedor, nuestro comprador se queda intentando guardar los paquetes de pañuelos en algún bolsillo a merced de …. sus hojas.
Por supuesto ya ha recuperado lo que antaño era como crear un registro nuevo autofiltrado por un campo determinado, ahora convertido en una serie sucesiva de manchas, pliegues y roturas en la que habían convertido aquel cacho de papel.
No pude por menos que decirme ‘es que ya no se fabrica el papel como antes’.
Mira tu que en ese incesante rato de meneos buscando los bolsillos este personaje llega a su destino y, apurado como solo un madrileño sabe estar se levanta intentando sujetar todas y cada una de las hojas. Sí, la rota también.
Sale escopetado del tren, entre los habituales empujones de los que sabiendo que hay que dejar salir antes de entrar le dan.

Y en eso que en uno de los ‘empujones’ va uno de los paquetes de pañuelos y se cae.
Y no de cuenta!!.
Que drama!!.
La gente haciéndole gestos y el, a lo suyo, las bases datos y la ayuda humanitaria….

Allí quedo todo, en el andén.
Ese si que dió pena, ese si que dijimos, ‘tanto aguantar para nada’.
Hablo del paquete, de pañuelos digo.

El otro paquete confundió la caridad de ese día. Y acabó siendo un pardillo.

Categorías:Costumbrismo